Semana Santa en Familia

Texto del Evangelio (Mc 14,1—15,47): Los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».

 

Hoy vivimos una síntesis de la Semana Santa: la misa empieza con el relato de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y, en la proclamación del Evangelio, escuchamos la Pasión del Señor según san Marcos. Jesús entra en la Ciudad Santa siendo alabado por la multitud y saldrá del mundo recibiendo insultos. ¡Qué contraste!

—El triunfo de Dios se consuma en la Cruz: Dios triunfa sobre el mal “devolviendo bien por mal”. ¡Así reina Jesús!

Texto del Evangelio (Jn 12,1-11): Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena (…). Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús…

Hoy el Evangelio empieza la cuenta atrás para la Pascua. María, hermana de Lázaro, derrama un perfume de mucho valor —centenares de dólares— sobre Jesús. Algunos la critican, pero Jesús la defiende diciendo que está anticipando su sepultura. ¡Jesús sabe qué hace y a dónde va!

—Y yo, ¿qué perfume le tengo preparado para corresponder a su Pasión?

Texto del Evangelio (Jn 13,21-33.36-38): Estando Jesús sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará».

Hoy aparece la figura del traidor que entregará a Jesucristo. Es admirable la caridad del Señor: sabe perfectamente quién es, y en la cena lo denuncia discretamente, pues los otros ni se dieron cuenta. Judas sí que captó el mensaje. Era una oportunidad para rectificar, pero no lo hizo. «¡Era de noche!».

—Jesús sabía lo que se tramaba: podía haber esquivado todo aquello. Sin embargo, Él vino al mundo para entregarse por nosotros, con toda libertad. Cristo en la Cruz: no es una derrota; es un sacrificio aceptado voluntariamente.

Texto del Evangelio (Mt 26,14-25): Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?». Ellos le asignaron treinta monedas de plata.

Hoy, con tristeza, contemplamos cómo se fue tramando la traición de Judas. Podemos aprender una lección: las traiciones no aparecen repentinamente; antes se “cuecen” en un corazón malo. Cenando con Jesús, Judas disimula: «¿Soy yo acaso, Rabbí?». Pero ante Dios no hay simulación posible; Dios es Dios y lo ve todo: «Sí, tú lo has dicho».

—Judas vendió al Maestro por unos 60 dólares. El perfume con que María ungió a Jesús costaba unos 2.000 dólares. ¿Cuánto vale Jesús para ti? ¿De qué lado estás?

Texto del Evangelio (Mt 26,14-25): Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?». Ellos le asignaron treinta monedas de plata.

Hoy, con tristeza, contemplamos cómo se fue tramando la traición de Judas. Podemos aprender una lección: las traiciones no aparecen repentinamente; antes se “cuecen” en un corazón malo. Cenando con Jesús, Judas disimula: «¿Soy yo acaso, Rabbí?». Pero ante Dios no hay simulación posible; Dios es Dios y lo ve todo: «Sí, tú lo has dicho».

—Judas vendió al Maestro por unos 60 dólares. El perfume con que María ungió a Jesús costaba unos 2.000 dólares. ¿Cuánto vale Jesús para ti? ¿De qué lado estás?

Texto del Evangelio (Jn 18,1—19,42): Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí le crucificaron (…). Dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Hoy, Cristo completa el lavado de pies que inició ayer mientras instituía la Eucaristía en el Cenáculo. Hoy Jesús completa el derramamiento de su Sangre que empezó ayer mientras sudaba sangre cuando rezaba en Getsemaní. Hoy el Señor, paciente y misericordioso, se lleva al Cielo al “buen ladrón”…

—¿Y nosotros? «Padre, perdónales». ¡Nos ha disculpado! Por si fuera poco, no nos deja huérfanos: «’Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dice al discípulo: ’Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa». ¿Tienes a María en tu casa?

Hoy el Señor no está. ¡Mejor dicho!: sí que está, pero está bajo tierra, sepultado. ¡El Creador sepultado! ¿Pues? Quizá será porque para amar hay que sepultarse: si quieres demasiado ser tú, quizá no llegues a identificarte con el prójimo, con tus hermanos. Jesús-Hombre murió: su Alma humana abandonó su Cuerpo. Pero Jesús-Dios es Dios eterno: ¡sigue vivo! Y el Cuerpo que había asumido resucitará. No resucitará como Lázaro (que tuvo que ser “des-atado”). Jesucristo resucitará por su propio poder divino.

—Pero fíjate: venció a la muerte sometiéndose a la muerte. ¿Entiendes que para amar hay que sepultarse?

Texto del Evangelio (Jn 20,1-9): «No está aquí, ha resucitado»

Hoy encontramos a Jesús resucitado. María Magdalena y otras mujeres han ido al sepulcro. Pero la tumba está vacía: Jesús ya no está; Él es Dios y ha vuelto a la vida. Dos ángeles le dicen a María que Jesús ha resucitado… Poco después Jesús se le aparece y le manda ir a decir a los Apóstoles que Él ha resucitado y vive.

—La resurrección, la vida eterna, ir al cielo con Dios y los santos: ¡eso es lo más importante!

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