Etapas

El ser humano es el mismo - aunque no lo mismo- en todos los momentos de su vida; el mismo en el sentido activo de quien se halla realizando su vocación y su misión.

NIÑOS

NIÑOS

JÓVENES

JÓVENES

ADULTOS

ADULTOS

“Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 1920).

Del mandato del Señor nace la misión de la Evangelización que tiene la Iglesia, ella existe para Evangelizar. El Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium nos llama a revisar toda la acción de la Iglesia desde esta tarea que es su razón de ser[1]. La Nueva Evangelización a la que estamos llamados es la transmisión de la fe: un proceso complejo que involucra la fe y la vida de todo cristiano. Del mandato del Señor se deduce también que la Iniciación Cristiana forma parte esencial de la tarea evangelizadora.

El Papa Francisco subraya algunas características principales que debe tener la catequesis al servicio de la evangelización[2].

– Catequesis kerigmática.

– Catequesis mistagógica.

– Adoptar la via pulchritudinis en la catequesis.

– El acompañamiento personal en los procesos de crecimiento.

La reflexión sobre la Nueva Evangelización y los desafíos sociales y culturales que actualmente se presentan a la Iglesia han dado inicio a una reflexión y revisión teológica y pastoral de la práctica que utilizamos para la transmisión de la fe y del acceso a los sacramentos.

Los principales frutos de esta reflexión que han tomado carta de naturaleza en la Iglesia han sido:

–  El reconocimiento de la Iniciación Cristiana como concepto y como instrumento pastoral;

– La conciencia madura del vínculo intrínseco que une a los Sacramentos de la Iniciación –en efecto, Bautismo, Confirmación y Eucaristía no son concebidos ya como tres sacramentos separados, sino como etapas del camino, dentro de un proceso orgánico, de iniciación a la fe y a la vida cristiana-;

– La estructura del catecumenado antiguo es el modelo para la organización de toda la catequesis;

– Por fin, se ha recurrido a la catequesis mistagógica, para crear nuevos caminos de Iniciación Cristiana que no se detengan en el umbral de la celebración sacramental, sino que continúen la acción formadora también después, para recordar que el objetivo es educar para una fe cristiana adulta[3].

Nuestra Archidiócesis de Sevilla ha estado siempre preocupada por la pastoral de los Sacramentos de la Iniciación. De hecho, éste que se publica ahora es el tercer directorio después del Concilio Vaticano II[4]. Los frutos que hemos mencionado nos llevan a la publicación de este nuevo Directorio de Pastoral de la Iniciación Cristiana.

La pastoral de la Iniciación Cristiana la asumimos como uno de los lugares prioritarios de la Nueva Evangelización. Este Directorio pretende consolidar los esfuerzos ya hechos por las comunidades cristianas, al mismo tiempo que dar pautas para una profundización que nos sirva para fortificar la fe: de los catequizandos, de sus familiares (padres y padrinos) y de la comunidad cristiana que los sostiene y acompaña.

Algunas certezas de la Iglesia universal están muy presentes en los planteamientos pastorales de este Directorio[5]:

– La primera es que la forma habitual de Iniciación en la vida cristiana es comenzar con el Bautismo recibido de niños, en el periodo inmediatamente siguiente al nacimiento y que continúa después. Esta forma, en toda la historia de la Evangelización, muestra el alto nivel de inculturación del cristianismo en una determinada sociedad.

– En segundo lugar, las peticiones de la Iniciación Cristiana por parte de adultos, adolescentes y niños en edad escolar –aunque numéricamente menores respecto a las peticiones de Bautismos de infantes– son una ocasión que nos permite hacer patente el contenido profundo del Bautismo. En efecto, el catecumenado realizado por ellos es momento que nutre la fe, tanto de los catecúmenos como de la comunidad cristiana.

– En tercer lugar, la estructura del catecumenado es el instrumento adecuado para la Iniciación Cristiana de adultos, jóvenes y niños en edad escolar no bautizados. Este modelo debe inspirar, también, el camino de Iniciación en la fe de los más pequeños.

– En el Directorio se propone un “catecumenado post-bautismal” para los pequeños. Siempre se busca subrayar la unidad de los Sacramentos (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) e implicar de manera cada vez más activa a los padres y padrinos.

– En quinto lugar, somos conscientes de que una buena catequesis es fundamental para la Nueva Evangelización. El Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio, así como los Catecismos de la Conferencia Episcopal Española, son recursos importantes para la trasmisión de la fe y para apoyar a la comunidad cristiana en su misión de evangelización y catequesis. Los catecismos de la Conferencia Episcopal Española son:

– “Los primeros pasos en la fe”, texto apropiado para el despertar religioso;

– “Jesús es el Señor”, catecismo para la iniciación sacramental;

– “Testigos del Señor”, catecismo para el crecimiento y maduración en la fe.

Una catequesis adecuada, progresiva, orgánica, completa y sistemática durante la Iniciación Cristiana es de una importancia primordial. Para ello se requiere también que los catequistas, que son al mismo tiempo evangelizadores, tengan una sólida formación eclesial, con la conciencia que el testimonio personal de fe es una poderosa forma de catequesis.

– En sexto lugar, ponemos el acento en la Eucaristía que es la fuente y la cumbre de la Nueva Evangelización, particularmente la Eucaristía dominical. Un objetivo esencial, para que la Eucaristía sea el centro de la vida cristiana, es la recuperación del Domingo para la Nueva Evangelización.

– En séptimo lugar, la comunidad cristiana considera como predilectos del Señor a aquellos que presentan necesidades de apoyo específico (discapacidad). Por ello la catequesis ha de ser abierta, flexible y accesible.

En el Directorio seguimos las orientaciones que la Conferencia Episcopal Española ha dado sobre la Iniciación Cristiana[6]. Se recogen también las indicaciones de la Instrucción Pastoral sobre la Iniciación Cristiana de los Obispos de las Diócesis del Sur de España[7]. A veces se trae el texto de forma literal.

Este Directorio tiene presente la situación pastoral de esta nueva etapa de la Evangelización, en la cual las vías tradicionales de la trasmisión de la fe (familia, escuela y parroquia) presentan serias dificultades para hacerlo. La Iniciación Cristiana, elemento crucial en la Nueva Evangelización, es el medio por el cual la Iglesia, como madre genera a sus hijos y se regenera a sí misma. Por ello auguramos que las indicaciones del Directorio se conviertan en una verdadera ayuda el nacimiento y desarrollo de la vida cristiana a través de la catequesis y de los sacramentos.

La nueva visión de la Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II y los profundos cambios que ha experimentado nuestra cultura en este cambio de siglo, junto con los avances que han experimentado la pastoral y la catequesis, hacen necesaria una nueva ordenación en nuestra diócesis de todo lo referente a la iniciación cristiana, tanto en sus aspectos pedagógicos-catequéticos como en lo relativo a la disciplina de los sacramentos de la iniciación.

La Iniciación Cristiana es la inserción de un candidato en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia, por medio de la fe y de los sacramentos.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: la Iniciación Cristiana, como «participación en la naturaleza divina»  «se realiza mediante el conjunto de los tres sacramentos: el Bautismo, que es el comienzo de la vida nueva; la Confirmación, que es su afianzamiento; y la Eucaristía, que alimenta al discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para ser transformado en él».

La Iniciación Cristiana tiene su origen en la iniciativa divina y supone la decisión libre de la persona que se convierte al Dios vivo y verdadero, por la gracia del Espíritu, y pide ser introducida en la Iglesia.

La Iniciación Cristiana no es sólo un proceso de enseñanza y de formación doctrinal, sino que ha de ser considerada una realidad que implica a toda la persona, la cual ha de asumir existencialmente su condición de hijo de Dios en el Hijo Jesucristo, abandonando su anterior modo de vivir, mientras realiza el aprendizaje de la vida cristiana y entra gozosamente en la comunión de la Iglesia, para ser en ella adorador del Padre y testigo del Dios vivo.

Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una Iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de la fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística”.

EN QUÉ CONSISTE LA INICIACIÓN CRISTIANA.

Si se considera la iniciación cristiana (IC) desde el punto de vista de la fe y de la teología, la iniciación cristiana es un don de Dios que la persona humana por la mediación de la Madre Iglesia. Su originalidad esencial consiste en que Dios tiene la iniciativa y la primacía en la transformación interior de la persona y en su integración en la Iglesia, haciéndole partícipe de la muerte y resurrección de Cristo. Esta iniciación se lleva a cabo en verdad en el curso de un proceso realmente divino y humano, trinitario y eclesial. Los que acogen el mensaje divino de la salvación, atendiendo a la invitación de la Iglesia, son acompañados por ella desde el nacimiento a la vida de hijos de Dios hasta la madurez cristiana básica. (ICNNB 13).

La IC es el proceso de acompañamiento que la Iglesia lleva a cabo con una persona – adulto o niño – desde los primeros pasos en el camino de la fe, continuando por su instrucción en el conocimiento de Jesucristo y su introducción progresiva en la conducta cristiana y en la vida de la Iglesia, hasta la recepción de los sacramentos de la iniciación y la plena incorporación posterior a la comunidad cristiana.

LA MEDIACIÓN MATERNAL DE LA IGLESIA.

Después de su resurrección, Jesús, confiando a los apóstoles la misión que había recibido del Padre, los envió a predicar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) y a realizar, mediante los sacramentos, la salvación que anunciaban (cf. SC 6). Para esta misión les aseguró su presencia permanente hasta el fin de los siglos (cf. Mt 28, 20) y les infundió el Espíritu Santo (cf. Jn 20, 21-22; Hch 2, 8-36). 

Desde entonces la Iglesia no ha dejado nunca de cumplir la misión que Cristo le ha encomendado, anunciando a los hombres la salvación, incorporándolos a la participación de la vida trinitaria (cf. LG 8) en la comunidad que nace de ella, y enseñándoles a vivir según el Evangelio.

En la Iglesia particular o Diócesis, presidida por su Pastor, el Obispo, la que se constituye en sujeto de la IC. Y ejercita en sujeto

LA IGLESIA PARTICULAR, SUJETO DE LA INICIACIÓN CRISTIANA.

Esta misión maternal de la Iglesia, aunque pertenece a todo el cuerpo eclesial, se lleva a cabo en las Iglesias particulares, en las que «está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica»

La comunidad eclesial debe asumir la responsabilidad de la Iniciación Cristiana de sus miembros y lo hará viviendo ella misma la vida cristiana como camino de crecimiento: engendrar, cuidar, alimentar y ayudar a crecer a los nuevos cristianos[21].

LA INICIACIÓN ES UN NOVICIADO DE TODA LA VIDA CRISTIANA.

Por eso, la Iniciación Cristiana es un camino o noviciado a la vez catequético, litúrgico, espiritual y vital, un itinerario de conversión y crecimiento en la fe, que introduce en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia[22].

Esta inserción en el misterio de Cristo y de la Iglesia consta principalmente de dos elementos: la catequesis y las celebraciones litúrgico-sacramentales.

Completada la Iniciación Cristiana, es necesaria también la educación permanente de la fe en el seno de la comunidad eclesial[23]. «La educación permanente de la fe se dirige no sólo a cada cristiano, para acompañarle en su camino hacia la santidad, sino también a la comunidad cristiana en cuanto tal, para que vaya madurando tanto en su vida interna de amor a Dios y de amor fraterno, cuanto en su apertura al mundo como comunidad misionera»[24]. Esta educación permanente se ofrece ya en nuestra diócesis siguiendo el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal Española.

DOS FORMAS DE INICIACIÓN CRISTIANA EN LA DIÓCESIS DE CÁDIZ Y CEUTA.

Se establecen dos formas típicas de recorrer el camino de la Iniciación Cristiana atendiendo a la edad: la Iniciación de adultos y la de niños.

INICIACIÓN DE ADULTOS.

Para la evangelización existe en la Iglesia un itinerario o modelo típico de Iniciación Cristiana que está descrito en el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos. Esta Iniciación Cristiana se realiza mediante un itinerario que es a la vez catequético, litúrgico y espiritual y que se ha denominado históricamente Catecumenado[25]. Culmina con la recepción de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana. 

En efecto, el catecumenado bautismal es la institución que, en el seno de la pastoral de Iniciación Cristiana de la diócesis, está al servicio del proceso de formación en la fe y en la vida cristiana de aquellos catecúmenos que desean recibir el Bautismo e incorporarse en la Iglesia[20].

El mismo camino seguirán, para la plena incorporación a la Iglesia, aquellos adultos bautizados de párvulos, que deben completar su Iniciación Cristiana.

Esta es la forma que se aplicará a todos los mayores de 18 años.

Para su Iniciación sacramental se utilizará el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos- Capítulos I al IV. En ningún caso podrá utilizarse el Ritual del Bautismo de Niños.

INICIACIÓN DE NIÑOS.

Se establece un catecumenado postbautismal para los niños que son incorporados a Cristo y a la Iglesia por el Sacramento del Bautismo siendo párvulos y se recorre, con la catequesis y con la recepción de los Sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación, a lo largo de la infancia y de la adolescencia.

Consiste en un itinerario completo y continuado que ha de llevarse adelante sin interrupción como un verdadero catecumenado por etapas. Ha de salvaguardarse la unidad del proceso de Iniciación Cristiana, aunque los tres Sacramentos se reciban en momentos diversos[28].

Ésta es la forma que se aplicará a los que comienzan su Iniciación en la infancia (entre los 0 y los 7 años). Para el Bautismo de estos infantes se utilizará el Ritual del Bautismo de Niños. También se utilizará para los niños mayores de 7 años que no tengan uso de razón y, por lo tanto, se asimilan a los infantes[29]. Es el caso, por ejemplo, de personas que presenten necesidades muy significativas de expresión oral, sin contar con un sistema de comunicación y/o de apoyo para su libre respuesta como creyente.

Los niños entre los 7 y los 14 años que soliciten el Bautismo se incorporarán al itinerario que van siguiendo los demás niños bautizados de su edad. En su momento se señalarán las peculiaridades propias, ya que los niños mayores de 7 años son equiparados por el Código de Derecho Canónico a los adultos a efectos de la pastoral de la Iniciación Cristiana[30].

Estos niños han de contar con el permiso de sus padres o tutores[31] y han de ser iniciados sacramentalmente con el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos-Capítulo V.

Dada la importancia de los padres y padrinos en el proceso de crecimiento y desarrollo de la gracia bautismal de los niños, se proponen también algunas sugerencias para la preparación tanto remota, como próxima e inmediata, de ellos a la Iniciación Cristiana de sus hijos

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